Mantie

 Muchas historias se cuentan acerca del manatí. Se dice que estos mamíferos acuáticos alguna vez fueron niños que por traviesos cayeron al agua y se quedaron allí para siempre. También se asegura que es tan grande el instinto maternal de estas criaturas que cuando llora un manatí pequeño hasta lágrimas le salen de los ojos a la madre.
Otros dicen que la costumbre migratoria de los manatíes, que forman largas filas para viajar, dio origen a la leyenda de las gigantescas serpientes marinas, y Shakespeare les llama "nereidas" en un pasaje de su célebre obra "Sueño de una noche de verano".
Lo cierto es que estos animales -cuyas hembras amamantan, abrazan y protegen a sus crías de la misma forma como una mujer lo hace con su niño, y que durante siglos alimentaron la imaginación de los navegantes, que confundidos por la bruma marina los tomaban por sirenas- están a punto de desaparecer del planeta exterminados por el incansable afán depredador del hombre.
De figura alargada y rechoncha, de carácter tímido, inofensivo, el manatí (Trichenus Manatus) es codiciado como materia de alimento y comercio, además de que resulta una presa sumamente fácil de cazar.
Su carne es sabrosa y abundante (un manatí adulto pesa casi tonelada y media); su piel es utilizada en la fabricación de látigos, bastones y suelas de zapatos, y sus huesos, especialmente sus costillas, son tallados para artículos ornamentales y de joyería.

PARIENTES DE LOS ELEFANTES


Al manatí se le clasifica dentro del orden de los sirenios, mamíferos que viven en el agua y se alimentan fundamentalmente de plantas -comenta la Sra. Joan Andrews, presidenta de Pronatura-.
Los sirénidos habitan ambientes de agua dulce, salobre o marina. De acuerdo con las biólogas Marta Abúndez de González y Celia Sélem Salas, investigadoras de Pronatura y la UADY, respectivamente, los manatíes son los parientes mas cercanos de los elefantes y se parecen a ellos no sólo en su alimentación y la posición pectoral de las mamas, sino, además, por la estructura dental y la forma como ésta se renueva.
En el orden de las sirenias se encuentran cuatro especies geográficamente aisladas: el dugong o vaca marina de los mares australianos y asiáticos, y tres especies de manatíes o Trichenus: Senegalensis, de Africa occidental; Inungis, del Amazonas, y el Manatus, del Caribe.
El manatí caribeño tiene, a su vez, dos subespecies: Latirostris, de Florida, y Manatus, que se encuentra en nuestra región. Una quinta especie, la vaca marina Hidrodamalis Gigas, descubierta en 1741 por el naturalista Georg Steller, fue exterminada por el hombre 27 años más tarde.

FIGURA CAPRICHOSA


El manatí tiene una figura extraña, caprichosa. La cabeza y el rostro presentan grandes arrugas y pliegues que le dan un aspecto grotesco, enfatizado por su labio superior leporino. No tiene cuello, por lo que tiene que girar todo su voluminoso cuerpo para ver hacia un costado, y adornan su grueso hocico rígidos pelos que le ayudan a obtener su alimento. Su cuerpo es rechoncho en la parte superior y se adelgaza poco a poco hasta terminar en una cola con forma de remo.
Sus miembros anteriores tienen de tres a cuatro uñas y, además, dos proyecciones musculares para asir y pasar el alimento a la boca.
A diferencia de los otros mamíferos, sólo cuenta con seis vértebras cervicales en lugar de siete.
Su sistema digestivo es muy complejo y los molares son reemplazados continuamente desde corta edad, debido a sus hábitos herbívoros. Sus oídos son muy pequeños, pero tan sensibles que es capaz de escuchar bajo el agua. Sus ojos están protegidos por una membrana. Un manatí adulto alcanza casi 5 metros de largo y hasta 1,600 kg de peso.
Estas criaturas carecen de cuerdas bucales, sin embargo, se comunican mediante chillidos muy parecidos al llanto de un bebé. Casi no utilizan su sentido del olfato debido a que pasan gran parte del tiempo sumergidos en el agua con las válvulas nasales cerradas.

CRISTOBAL COLON


La causa que originó la errónea inclusión del manatí en el orden de los sirénidos también es interesante. Según algunos escritos, Cristóbal Colón, durante su viaje al Nuevo Mundo, fue el primer europeo en mirar un grupo de manatíes, tomándolos por sirenas, "pero no tan hermosas como las pintan".
De hecho, "manatí" se deriva de una palabra de origen caribeño que alude a los pechos o mamas del animal parecidos a los de la mujer. En maya, estos mamíferos son llamados "chiil bek", que significa "pescado grande del mar". Por su parte, los zoólogos le pusieron el nombre Trichenus Manatus, derivado del latín, debido a que tienen pelos y pechos.
Además de la timidez, quizá las principales características de esta criatura sean su excesiva lentitud y su ingenuidad. Cuando nadan son poco veloces y en tierra firme se desplazan con parsimonia, con pesadez, debido a que tienen que arrastrarse.
A diferencia de casi todas las demás especies animales, el manatí tiene poco desarrollado su instinto de conservación. Su carácter amistoso, su tendencia a acercarse al hombre los hace muy vulnerables. Incluso en lugares donde es muy nutrida la navegación, como en Florida, hay alto índice de mortalidad de estos animales, ya que muchos mueren despedazados por las aspas de los yates.
Habitan en aguas poco profundas, pues se alimentan de plantas sumergidas o que flotan en el agua, aunque en ocasiones buscan también las que están a ras de la superficie, de manera que sacan la cabeza y los hombros. Tienen papilas gustativas que les permiten seleccionar su alimento.

REPRODUCCION


Debido a su cuerpo tan grande, el manatí requiere comer de 25 a 30 kg diarios de plantas. A diferencia de otros mamíferos marinos, gasta poco energía debido a sus movimientos lentos y a que vive en aguas tropicales, por lo que no necesita mucha energía para regular la temperatura de su cuerpo.
Además, necesita de poco oxígeno por minuto para respirar. Su complicado ciclo reproductivo también los hace vulnerables. Las hembras sólo tienen una cría cada dos o tres años, pues su período de gestación es muy largo, de 13 meses. Los pequeños permanecen junto a la madre otros 12 ó 18 meses, en prolongada lactancia, período durante el cual aprenden lo relacionado con las rutas migratorias y zonas para alimentarse.
Cuando las hembras entran a su época de celo se forma a su alrededor una manada de seis u ocho machos. No se conoce con precisión la edad a la que alcanzan la madurez sexual, pero, con base en su tamaño, se piensa que es a los 5 y 8 años de edad, en macho o hembra, respectivamente.
La distribución del manatí en México está limitada al Sureste y abarca las zonas costeras del Golfo, desde Veracruz hasta Chetumal.
Además, vive también en ríos, lagunas, esteros y cenotes.
La espcie de manatí que se encuentra en esta región es la única capaz de sobrevivir tanto en ambientes dulceaquícolas como salobres y marinos.
La importancia de la conservación del manatí no sólo radica en su valor como especie que debe ser preservada para el conocimiento de las próximas generaciones; este animal es un importante agente de la naturaleza en el equilibrio biológico y limpieza de ríos, lagunas y cenotes cada vez más infestados de lirios acuáticos, principal alimento del manatí.
La proliferación de las plantas acuáticas crea problemas al dificultar la navegación, generación hidroeléctrica, la irrigación y la pesca. Además, la maleza puede propiciar enfermedades por albergar microrganismos dañinos.
En la Península de Yucatán, Pronatura propone la creación de "refugios y santuarios" con fines recreacionales y de investigación, para conocer mejor la especie y contribuir a la recuperación de las poblaciones de manatíes que aún existen en México.
Sin embargo, los investigadores coinciden en que el mejor remedio es que el hombre adquiera conciencia de la importancia de proteger no sólo esta especie sino todas las que pueblan el mundo, y no olvidar que tienen el mismo derecho de vivir que aquél que reclama el hombre para sí mismo.

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